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28.1.12

Las criaturas de Venus sin pies ni cabeza


 Unos científicos rusos que dicen haber descubierto unas extrañas formas de seres vivos en fotos de la superficie del infernal planeta provocan la sorna de medio mundo

Ander Azpiroz  / ABC.es / madrid

   
Una de las formas extrañas halladas en las imágenes de las Venera, supuestamente similar a un escorpión


La prensa rusa se ha hecho eco esta semana de algo difícil de creer, por no calificarlo como imposible: la existencia de vida en Venus, posiblemente el planeta del Sistema Solar que reúne las condiciones más inhóspitas para albergar cualquier tipo de organismo viviente en su interior. Sin embargo, científicos del Instituto de Estudios Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia sostienen que la prueba de su existencia podría encontrarse en las fotos de la superficie venusiana que tomaron las naves soviéticas Venera nada menos que en la década de 1970 y comienzo de 1980. Como es lógico, la idea ha sido tomada a risa por la comunidad científica.
Según los investigadores rusos, en las imágenes “se detectaron objetos de tamaño notable, de 10 a 50 centímetros, que aparecían, mutaban o desaparecían, y cuya presencia (…) en las imágenes difícilmente se explica por las interferencias”. Tras el análisis de múltiples fotografías, se aprecian objetos similares a un ‘disco’, un ‘parche negro’ y un ‘escorpión’, sostienen. Incluso esgrimen como, a tenor de la secuencia, la especie de escorpión habría quedado enterrado en la arena tras el aterrizaje para salir de nuevo después a la superficie. Una locura.
Defienden también, por si su teoría no fuera ya suficientemente loca, que la explicación a la desaparición de estas figuras entre unas y otras imágenes podría deberse al gran ruido producido por las naves al posarse sobre la superficie –las Venera eran auténticas moles voladoras-. Este estruendo habría hecho que los organismos que se encontraban en el lugar hubieran emprendido la huida presas del pánico. “Sin discutir las ideas actuales de que la vida no es posible en las condiciones de Venus, me atrevo a suponer que algunos de los objetos descubiertos, a juzgar por su morfología, tienen rasgos de seres vivos”, esgrime uno de los científicos. Así, sin más análisis.

El infierno hecho realidad

“Venus el lucero del alba, milenariamente se ha llamado e identificado como Lucifer. La comparación es curiosamente apropiada. Venus se parece mucho al infierno”. Estas palabras de Carl Sagan vienen a definir a la perfección las condiciones que presenta el planeta, con una presión atmosférica 90 veces superior a la de la Tierra y temperaturas que se elevan hasta los 500 grados.
Sin embargo, los investigadores rusos insisten en que, “sin tocar las concepciones existentes de que en las condiciones de Venus la vida es imposible, hagamos una suposición atrevida de que las características morfológicas permiten al fin y al cabo suponer que una parte de objetos hallados tiene características de los seres vivos”. Es decir, plantean el ir más allá de la concepción básica de que la vida solo puede formarse según el patrón de la Tierra y necesariamente ligada a la existencia de agua. Este ‘más allá’ seguiría una línea similar a la posibilidad de que en la luna de Saturno Titán pudieran darse formas de vida basadas en el metano.
Unas fotografías difícilmente pueden permitir asegurar que la vida en un lugar como Venus es posible. De momento, los investigadores se han comprometido a publicar pronto los resultados de los análisis de otros vídeos también grabados por las Venera. Hasta entonces, resulta difícil pensar que, de existir vida fuera de la Tierra, ésta vaya a estar precisamente en Venus. Y, por supuesto, menos aún que se parezca a un escorpión asustadizo -aunque, quién sabe-. De todas formas, hay que suponer un gran valor a estos científicos rusos para soltar una teoría semejante y no querer esconderse, como el escorpión, bajo la tierra. 

Tomado de:
http://www.abc.es/20120127/ciencia/abci-criaturas-venus-pies-cabeza-201201271059.html
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20.8.11

Ganímedes: ¿Hogar, dulce hogar?

El reciente descubrimiento de componentes de ADN en meteoritos devuelve a la actualidad a la Panspermia, la teoría que defiende que la vida en la Tierra llegó desde el espacio

Día 13/08/2011




¿Llegó la vida a la Tierra desde el espacio exterior? La Panspermia asegura que sí. Sostiene esta hipótesis que semillas de vida están repartidas a lo largo y ancho del Universo, y que una de estas muestras llegó desde el espacio hace miles de millones de años al planeta para poblarlo. Precisamente, esta semana se anunció el hallazgo de compuestos de ADN en una docena meteoritos que chocaron contra la corteza terrestre, lo que ha devuelto a la actualidad una teoría que se ha mantenido tradicionalmente a la zaga del evolucionismo darwiniano y el creacionismo divino.
Anaxágoras ya defendió en el siglo V a. C. que la esencia de la vida se encuentra diseminada por todo el mundo conocido. En 1865, el biólogo alemán Hermann Richter retomó la idea del filósofo griego y argumentó que la vida está presente en todo el Universo en forma de gérmenes de microorganismos, a los que denominó 'cosmozoarios'. Aún iría más lejos el premio Nobel de Química Svante August Arrhenius, que en 1906 acuñó el término Panspermia para explicar cómo las bacterias viajan por el Universo y colonizan todos aquellos lugares que presentan unas condiciones aptas para la vida. Uno de ellos habría sido la Tierra, afirmó Arrhenius.
En base a esta teoría, un meteorito impactó contra la Tierra -inhabitada en aquel entonces- y depositó en ella las bacterias que portaba consigo. Una de las principales incógnitas que surgen es cómo estos bacterias sobrevivieron al viaje espacial o a las altas temperaturas a las que estuvieron sometidas durante su entrada en la atmósfera terrestre. Los defensores de la Panspermia se justifican en ciertos tipos de microorganismos, denominados extremófilos, capaces de subsistir en ambientes carentes de agua o expuestos a un calor y una radiación de grandes magnitudes. Ejemplo de estas formas de vida son las que habitan en el onubense Río Tinto en unas condiciones que se consideran muy similares a las que habría ofrecido Marte hace miles de años.

La Panspermia Dirigida

Una corriente de esta teoría considera que los microorganismos que llegaron desde el espacio para colonizar la Tierra no lo hicieron por una cuestión azar, sino que fueron enviados intencionadamente por una civilización extraterrestre para originar a la vida.
Uno de los máximos defensores de esta teoría fue Francis Crick, premio Nobel de Medicina en 1962 como codescubridor de la estructura molecular del ADN, uno de los hallazgos más importantes del siglo XX en el mundo de la Biología. Junto al químico Leslie Orgel desarrolló el concepto de Panspermia Dirigida a través de varios artículos y libros. "Parece ahora improbable que los organismos vivos extraterrestres pudieran haber alcanzado la Tierra ya sea como esporas conducidas por la presión de la radiación de otra estrella o como organismos vivos incrustados en un meteorito. Como alternativa a estos mecanismos del sigloXIX, hemos considerado la Panspermia Dirigida, la teoría de que los organismos fueron deliberadamente transmitidos a la Tierra por seres inteligentes de otro planeta. Concluimos que es posible que la vida alcanzó a la Tierra de esta manera", afirmaron en 1973.
Crick y Orgel apuntaron a que pequeñas semillas fueron lanzadas a bordo de cohetes en distintas direcciones. Sería, según ellos, una estrategia planificada para ampliar la vida a otros planetas o, incluso, asegurar que esta sobreviviera ante un inminente apocalipsis. Dos formas, en definitiva, de perpetuar la especie.
Creacionismo divino, evolución darwiniana o Panspermia. ¿Cuál fue el origen? Si fue la Panspermia, ¿desde dónde o por decisión de quién llegaron esos primeros organismos? Y, por último, ¿enviará el ser humano sus semillas de vida a otros planetas?

http://www.abc.es/20110813/ciencia/abci-ganimedes-hogar-dulce-hogar-201108130829.html
 
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5.6.11

Unas raras criaturas aparecen varios kilómetros bajo la superficie de la Tierra

Las especies, entre ellas una jamás vista, soportan temperaturas de hasta 48 grados en profundidades donde no se creía posible que existiera la vida compleja

Día 02/06/2011 - 15.07h
Unas raras criaturas aparecen varios kilómetros bajo la superficie de la Tierra
Universidad de Ghent 
Halicephalobus mephisto
 
 
Desde su descubrimiento hace más de dos décadas, la biosfera del subsuelo profundo ha sido considerada como el reino de los organismos unicelulares, un reino que se extiende más de tres kilómetros bajo la corteza de la Tierra. Las limitaciones de temperatura, energía, oxígeno y el espacio parecían excluir la posibilidad de una vida más compleja. Los científicos no creían que organismos multicelulares podrían vivir en esas profundidades, pero se equivocaban. Investigadores de las universidades de Ghent (Bélgica) y Princeton han descubierto unos gusanos -uno de ellos es una nueva especie, a la que han llamado, con razón, «del diablo» (Halicephalobus mesphisto, por Mefistófeles, uno de los nombres del demonio)-, que viven en un auténtico infierno. Estas increíbles criaturas tienen su hogar de 0,9 a 3,6 kilómetros por debajo de la superficie terrestre, en unas minas de Sudáfrica, donde las temperaturas pueden alcanzar los 48 grados centígrados. El estudio aparece publicado en Nature.
El Halicephalobus mesphisto, un nematodo que mide 0,5 milímetros, se alimenta de bacterias y se reproduce asexualmente, fue encontrado en la mina de oro de Beatrix, a 240 kilómetros de Johanesburgo. El yacimiento tiene 1,3 kilómetros de profundidad y temperaturas de 37 grados centígrados. Los investigadores también descubrieron en las minas de Driefontein dos especies nuevas de nematodos, pero el hallazgo más sorprendente se realizó en la mina de Tau Tona. Allí, apareció el ADN de otra especie desconocida, a 3,6 kilómetros bajo la superficie y con temperaturas de 48 grados.

Vida en otros planetas

Con el fin de descartar la contaminación y la posibilidad de estos nematodos estuvieran más cerca de la superficie, Borgonie examinó la composición del agua y los niveles de oxígeno, azufre y otras sustancias químicas. Con la técnica del carbono 14, determinó que el agua de la zona había permanecido aislada de la superficie terrestre de 3.000 a 12.000 años.
Los investigadores creen que sus resultados les permiten ampliar la biosfera de metazoos conocida y demostrar que los ecosistemas de las profundidades son más complejos de lo que se había aceptado previamente. El descubrimiento de la vida multicelular en el subsuelo profundo de la Tierra también tiene importantes implicaciones en la búsqueda de vida en otros planetas en nuestro Sistema Solar
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6.12.10

La NASA anuncia el hallazgo de una "forma diferente" de vida

De Jose Manuel Nieves (el 02/12/2010 a las 12:05:22, en Ciencia)



Hace dos días, la NASA convocaba para hoy una rueda de prensa con el objeto de dar a conocer "un hallazgo en astrobiología que tendrá un gran impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre". Se dispararon las especulaciones sobre el posible contenido de ese anuncio, llegando a apuntarse la posibilidad de que los investigadores de la agencia espacial norteamericana hubieran encontrado, por fin, pruebas irrefutables de alguna forma de vida fuera de la Tierra, quizá en Titán, la mayor de las lunas de Saturno. El descubrimiento de la NASA, sin embargo, no procede de ningún planeta o satélite lejano. Se ha producido aquí, en la Tierra, aunque no por ello es menos espectacular. Se trata de una nueva y extraña criatura, una nueva forma de "estar vivo" que desafía todo lo que creíamos saber hasta ahora sobre el complicado y delicado proceso bioquímico que conocemos como vida. Algo que cambiará por completo la manera en que, a partir de ahora, busquemos seres vivientes fuera de nuestro propio mundo.



Desde las bacterias a las ballenas, las moscas, los elefantes o los seres humanos, todas y cada una de las formas de vida que hay en la Tierra dependen de una cuidadosa combinación de los mismos seis elementos: oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, fósforo y azufre. En forma de ADN, grasas y proteínas, esos elementos se encuentran en cada criatura viviente conocida.

La "química de la vida", además, es tan delicada y específica que cualquier alteración en esta "receta mágica" afecta a la estabilidad molecular hasta tal punto de hacer que la vida, sencillamente, deje de ser posible. Por eso el hallazgo que hoy se publica en la revista Science ha causado tanta expectación y sorpresa. Porque se trata de una excepción, la primera a la que se enfrenta la Ciencia, a esta regla considerada hasta ahora como universal.

Los investigadores, en efecto, han encontrado una cepa bacteriana, la GFAJ-1, que ha demostrado ser capaz de sustituir en sus moléculas, incluído el ADN, uno de los seis ingredientes fundamentales, el fósforo, por el que se considera como uno de los peores y más dañinos venenos que existen, el arsénico. Algo que, según los científicos, constituye una prueba palpable de que la vida puede desarrollarse de formas muy distintas a las que conocemos. Formas que nos ayudarán a perfeccionar las actuales técnicas de búsqueda de vida fuera de nuestro planeta.



"La vida -reza el artículo de Science- está mayoritariamente compuesta por los elementos carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo. Pero a pesar de que estos seis elementos forman los ácidos nucléicos, las proteínas y las grasas, y por lo tanto la mayor parte de la materia viviente, resulta teóricamente posible que algunos otros elementos de la tabla periódica puedan desempeñar las mismas funciones. Aquí describimos una bacteria, de la cepa GFAJ-1 de las Halomonadaceae, obtenida en el Lago Mono, en California, que ha sustituido el fósforo por el arsénico para sustentar su crecimiento. Nuestros datos revelan la presencia de arseniato en macromoléculas que normalmente contienen fosfatos y, más notablemente, en ácidos nucleicos y proteínas. La sustitución de uno de los mayores bioelementos puede tener una gran relevancia geoquímica y evolutiva".

Desde hace ya algunos años, la autora principal de este artículo, Felisa Wolfe-Simon, del Instituto de Astrobiología de la NASA en Menlo Park, California, junto a algunos otros de los firmantes, como Ariel Anbar y Paul Davies, estaban explorando la posibilidad de que existieran "formas alternativas" de vida. "La vida como la conocemos -explica Anbar- requiere unos elementos químicos concretos y excluye otros. Pero son esas las únicas opciones? Cómo de diferente puede ser la vida?"

Wolfe-Simon y sus colegas ya intuían que el arsénico podría haber sustituido al fósforo (el elemento contiguo en la tabla periódica) en las formas de vida más primitivas de nuestro planeta. De hecho, el arsénico tiene propiedades químicas muy similares a las del fósforo, aunque su gran toxicidad no permite su uso a la inmensa mayoría de los seres vivos.

A pesar de ello, Wolfe-Simon especulaba con la posibilidad de que alguna clase de bacteria hubiera conseguido adaptarse al uso del arsénico. Una idea muy criticada, ya que los compuestos de este elemento (arseniatos) son mucho más inestables que los fosfatos en presencia de agua, una dificultad que ninguna célula viva sería capaz de manejar.



Para probar sus ideas, Wolfe-Simon decidió recolectar barro de un lago californiano (el lago Mono), un auténtico "desierto de agua", conocido por sus elevadas concentraciones de arsénico, y cultivar los microorganismos obtenidos en soluciones cada vez más ricas en arseniatos. La investigadora no añadió fosfatos a su caldo de cultivo en ningún momento. Al contrario, fue transfiriendo periódicamente las bacterias a soluciones cada vez más ricas en compuestos de arsénico, para reducir paulatinamente cualquier concentración natural de fosfatos que pudieran contener sus muestras. De forma que las bacterias, si querían sobrevivir, se verían obligadas a utilizar el arsénico del cultivo.

La propia Wolfe-Simons asegura que, en el fondo, no esperaba encontrar nada vivo al término de su experimento. Y que se sorprendió enormemente cuando vio, a través del microscopio, colonias enteras de bacterias moviéndose rápidamente en aquél medio tan tóxico.

Para asegurarse, volvió a analizar el cultivo en busca de posibles restos de fósforo que hubieran ayudado a esas bacterias a sobrevivir. No lo encontró. Así que, junto al resto de su equipo, empezó a analizar con detenimiento las bacterias, para averiguar si, efectivamente, estaban utilizando el arsénico para sobrevivir. "Contenía la respiración durante cada una de estas pruebas", recuerda la investigadora.

Los resultados confirmaron sus sospechas. Las bacterias habían incorporado el arsénico, en sustitución del fósforo, en sus ácidos nucléicos, en sus lípidos, en sus proteínas... El análisis del ADN de las bacterias no dejaba lugar a dudas: contenía arsénico. Paul Davies explica que "este organismo tiene una doble capacidad. Puede crecer tanto con fósforo como con arsénico, lo que lo convierte en algo muy peculiar". Para este investigador, el nuevo organismo "tiene el potencial para inaugurar toda una nueva rama de estudios en microbiología".

"Nuestros hallazgos -comenta por su parte Wolfe Simon- son un recordatorio de que la vida tal y como la conocemos podría ser mucho más flexible de lo que asuminos o podemos imaginar". "No obstante -cocluye- esta no es una historia sobre eñ arsénico o el lago Mono. Si existe algo, aquí en la Tierra, capaz de hacer algo tan inesperado, qué otras cosas que aún no hayamos visto es capaz de hacer la vida? Ya es hora de averiguarlo".
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